Detrás de «Hablar Hace Bien»: El Live en tiktok como espacio de acompañamiento y empoderamiento
Por Marcelo Leiva | Sección Artículos
Cuando el reloj marca las 18:00 horas y el cartel de «ON AIR» se enciende en mi pantalla, no solo se activa una transmisión digital; se abre un portal de libertad. Desde que inicié este viaje el pasado 12 de mayo de 2026, las transmisiones de «Hablar hace bien» se han transformado en un fenómeno que desafía las fronteras y los algoritmos tradicionales. Lo que ocurre en ese espacio en tiempo real trasciende el simple entretenimiento: es un ejercicio de derechos fundamentales en plena era digital.
A diferencia de los canales de difusión masivos y superficiales, nuestro público objetivo 🎯 está compuesto por mentes abiertas que buscan algo que la sociedad actual les suele negar: validación y un rincón de absoluto respeto. El corazón de esta comunidad lo sostienen principalmente mujeres y personas de las diversidades sexuales y de género. Conectar con ellas y ellos desde un enfoque estricto de Derechos Humanos es la columna vertebral de mi propuesta comunicativa. Involucrarse en cada transmisión implica enfrentarse cara a cara con las secuelas de la discriminación institucional, el abandono y la violencia de todo tipo que muchas mujeres han tenido que resistir en sus vidas.
Un fenómeno particularmente conectado y complejo que pulsamos en cada directo es la presencia de exmiembros de religiones de alta demanda. Personas que, tras años de sumisión, culpa y censura dogmática dentro de cultos o estructuras religiosas restrictivas, encuentran en nuestras transmisiones el primer espacio seguro en sus vidas para alzar la voz, cuestionar su realidad y sanar sin el miedo al castigo eterno o al aislamiento familiar. La mística de los arcanos y la escucha activa operan como herramientas de introspección y autonomía para que cada individuo recupere las riendas de su propio camino.
Este impacto ha derribado fronteras geográficas de forma orgánica. Aunque el núcleo de nuestra audiencia se encuentra con fuerza en Chile (79.6%), la señal cruza el continente americano con un potente y leal 7.7% de espectadores en México, seguido por comunidades activas en Argentina, Uruguay, Perú, Bolivia, Colombia, Guatemala, Estados Unidos, entre otros. No importa la latitud o la bandera: el dolor, la búsqueda de contención emocional y el deseo de reconstruirse tras la violencia son de carácter universal.
Hacer un LIVE con este nivel de responsabilidad humana requiere una pauta de trabajo meticulosa y una agudeza mental implacable. Detrás de la pantalla no hay espacio para la improvisación; existe un compromiso ético y político por democratizar la palabra. En un mundo hiperconectado pero profundamente solo, abrir un espacio digital donde conversar tu verdad sea sinónimo de dignidad es, sin duda, nuestro mayor acto de resistencia ciudadana.
Acompáñame cada martes, jueves y sábado a las 18:00 hrs (Hora Chile) en mi cuenta oficial de TikTok. Un espacio de contención, respeto y libertad en tiempo real.